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15 de diciembre de 2009

Penélope

Hace unos días descubrí, por fin, la paleta de tonos que más se acerca a la que estaba buscando para las figuras de los cuadros de "El pecado original".
Revisé todo lo pintado e inevitablemente me pareció mejorable, así que, tras meditarlo mucho decidí repintar todos los cuadros que ya estaban hechos (más de veinte). Esto, que en apariencia es algo penoso, en realidad significa que sigo subiendo escalones hacia la técnica que tanto me obsesiona, y eso me parece muy positivo y me pone las pilas.
Lo más rescatable es que antes, cuando andaba perdido, repintar me suponía un ímprobo esfuerzo y casi nunca conseguía el resultado que deseaba, y ahora, mientras muevo los pinceles al compás de la música de turno, disfruto como un enano viendo cómo las figuras aparecen sobre lo que se ha convertido en un boceto o en una primera mancha, porque los dibujos sí son correctos y no hay que retocar el diseño.
Una vez más, me siento una Penélope del asunto pictórico.








(Waterhouse, "Penelope and the suitors")


"Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada."

(Augusto Monterroso)


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